miércoles, 18 de julio de 2018

La casa de los espejos





El casco antiguo de la ciudad de Cádiz abstrae en su interior muchísimas casas señoriales de los siglos XVI y XVII.
Actualmente, éstas casa se encuentran convertidas en edificios comunitarios, que aunque muchos de ellos ya han sido restaurados han quedado impregnados de leyendas e historias, que, según cuenta el populacho, ocurrieron por aquella época en sus interiores.
En éste caso hablaremos de la popularmente conocida por los gaditanos como "La Casa de los espejos", situada frente al monumento del II Marqués de Comilla; Claudio López, en la Alameda, frente al mar.
Si quieres descubrir con nosotros ésta fascinante leyenda urbana –o no tan leyenda-, siéntate en tu rincón de preferencia y continúa leyendo:


    La historia de la casa de los espejos cuenta que; un almirante de la flota gaditana al contraer matrimonio con una bella mujer, tiempo después, trajeron al mundo a una preciosa hija.
Al ir creciendo la pequeña, para combatir la pena que sentía por la marcha de su padre, le pedía a éste que, como obsequio para hacerla ver que se había acordado de ella durante el tiempo que había estado fuera, le trajese un espejo de cada lugar en el que estuviera.
El almirante así lo hizo y le traía cada tierra un nuevo espejo a su preciosa hija, por la cual se cuenta que sentía autentico delirio y pasión -como todo padre por sus hijos-. En cada una de sus partidas, la hija le recordaba a su padre que por favor no se olvidara de traerle su espejito. Y así el almirante cumplía en cada regreso..

    Con el paso del tiempo, la chiquilla fue creciendo y dejó de ser una pequeña niña para convertirse en una hermosa y dulce muchacha. Su padre no dudaba ante cualquier momento que se le presentara la ocasión; para presumir de su hija y lo buena y bonita que era ante sus compañeros y amigos, lo que acabó provocando unos celos enfermizos en su esposa, ya que (según ella), él sólo tenía bellas palabras para su hija.
     El marino jamás faltó a su promesa, cada vez que venía de alta mar; seguía obsequiándole a su hija con un  espejo de cada tierra que pisaba. Tanto es así, que llegó a tal punto que, la casa, quedó repleta de hermosos espejos. Como era de esperar la chiquilla acabó coleccionando estos objetos porque eran un regalo de su padre.
     Sin darse cuenta el hombre que, los celos y la ira incomprensible de su mujer cada vez eran mayores.
La mujer, trazó un plan y fue aprovechando cada uno de los viajes de su marido, para envenenar la comida que hacía cada día; para su hija.
Cuando el hombre regresó en una de esas ocasiones de su sacrificado trabajo, besó a su mujer y preguntó por su hija para darle el regalo como cada vez que volvía, la mujer le informó entonces que por desgracia; la muchacha había enfermado gravemente en el tiempo que él había estado fuera y acabó falleciendo días antes de su llegada.
El almirante no daba crédito a lo ocurrido, se apesadumbró tanto y se cobijo tanto en su pena por no haber vuelto a ver a su hija.., que la tristeza le embargó creyendo que su preciosa niña, había muerto por una gravísima enfermedad.
     La tristeza del hombre no tenía fin y lloraba y se lamentaba en cada rincón de la casa.
En unos de esos días en los que el almirante seguía llorando con el corazón roto la muerte de su hija, ésta le llamó con voz profunda haciendo que el hombre mirara a todos lados con un hilo de esperanza, por volver a verla.
Asombrado, pudo ver el reflejo de su propia hija en uno de los espejos que colgaba en una de las paredes del pasillo. La muchacha, le reveló entonces a través del cristal la verdadera causa de su muerte, acusando a su madre como protagonista del asesinato y la angustia y agonía que había sufrido hasta morir finalmente, por envenenamiento.

     El almirante entró en cólera ante la noticia, hizo que su mujer confesara lo que había hecho por envidia a su propia hija y fue detenida. Murió en la cárcel con una condena perpetua.
El almirante, no pudiendo aguantar la pena y el dolor, zarpó nuevamente al mar para no regresar nunca más.
      Desde entonces, la casa quedó por completo abandonada durante años.
Años en los que no ha pasado desapercibida la leyenda para nadie ni tampoco la casa a la que diferentes personas han accedido frecuentemente para ver más de cerca los muros, que contaron ésta historia.

     Como se informaba al principio: En la actualidad, la casa se encuentra reformada, siendo usada para pero hay quienes aseguran que aún se sigue escuchando los gritos y el llanto de la hija del almirante así como su reflejo en los espejos. Son numerosos los testimonios en primera persona que narran cómo se han podido ver imágenes fantasmagóricas cruzando de una habitación a otra, por el pasillo, incluso desde dentro de los espejos, se escuchan lamentos y pisadas invisibles que hacen crujir la madera abierta con los años, la humedad y el salitre y algunos trozos de los cristales de los espejos que se habían ido rompiendo con el paso del tiempo.



Otro dato curioso acerca de ésta historia: El grupo de música Saurom, hizo una canción a ésta leyenda, por si es de vuestro gusto e interés, os la dejamos a continuación para que podáis escucharla:



Para ir cerrando la entrada, lanzo unas preguntas: ¿Qué os ha parecido ésta leyenda urbana? ¿La conocíais? ¿Conocíais la canción que hay acerca de ésta historia? ¿Conocéis alguna historia similar?

Abrazos llenos de luz, hasta la próxima semana a tod@s.



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